Consecuencias del estrés en el día a día veterinario

Consecuencias del estrés en el día a día veterinario

Consejos

Se dice que existen dos tipos de estrés: el bueno y el malo. El bueno se señala como aquella pequeña presión que mejora la concentración y las habilidades con el fin de resolver problemas. Por su parte, el estrés excesivo es el malo, el que de manera prolongada produce mucho agotamiento.

Por ello, vamos a ver cuáles son las consecuencias del estrés en el día a día veterinario más comunes, para que sepas detectarlas y poner remedio a tiempo.

El estrés en la clínica veterinaria

El trabajo en los centros veterinarios puede llegar a ser bastante estresante: una consulta tras de otra sin parar para que el tiempo espera de los clientes no se alargue, conversaciones con clientes que no siempre están satisfechos, informes, exploraciones, intervenciones, llamadas telefónicas…

Sí, vivir con cierta cantidad de estrés puede estimular la adrenalina y empujarnos para manejar las actividades diarias. Sin esas pequeñas dosis de estrés, puede que, incluso, no lograses terminar todo el trabajo en tu centro veterinario a tiempo. O quizás no tendrías todos los sentidos puestos en cada caso que estés tratando.

No obstante, vivir con unos niveles altos de estrés de manera continua, no es nada beneficioso.

El estrés en el centro veterinario

Consecuencias de vivir estresado continuamente en el centro veterinario

El estrés en exceso y, sobre todo, que este persista en el tiempo, es totalmente contraproducente.

Es cierto que las personas reaccionamos de manera diferente ante el estrés y lo que para una persona es un nivel saludable de tensión, para otra puede ser demasiado.

Lo que sí está claro es que ese estrés nos mantiene en un estado de alerta permanente, que cuando es excesivo, tiene muchas consecuencias a nivel mental y físico.

Consecuencias a nivel físico

Unos niveles de adrenalina altos alteran los ejes del hipotálamo-hipófisis y, como mínimo, los triglicéridos, el colesterol, el metabolismo del azúcar y la presión arterial.

También se altera la respuesta inmune del organismo, lo que aumenta las posibilidades de que suframos ciertas enfermedades.

Además, el incremento de cortisol en la sangre acelera el envejecimiento celular.

Consecuencias a nivel mental

El estrés a niveles muy altos provoca:

  • Incapacidad de concentración y de atención, algo muy peligroso cuando estás atendiendo a los animales.
  • Hipersensibilidad a las críticas. Esto puede dar lugar a momentos incómodos, pues a veces los clientes no se comunican de la manera más educada, pero, como profesionales, no se puede sucumbir a eso. Si se está estresado, es mucho más fácil caer en ese error.
  • Olvidos frecuentes.
  • Mal humor. Esto puede afectar a la comunicación interna con el equipo veterinario, pero también a la comunicación con los clientes.
  • Incapacidad para tomar decisiones.
  • Susceptibilidad a los accidentes.

Todo ello puede desembocar en agotamiento, que se puede traducir en el síndrome del quemado. Muchas personas, incluso, deciden abandonar la profesión veterinaria por no poder manejar los niveles de estrés en la clínica.

Además, el estrés es un mal «contagioso». Si trabajas al lado de una persona que está continuamente alterada por el estrés, por mucho que tú estés tranquilo, acabará traspasándote ciertas sensaciones negativas, como nervios o irritabilidad. ¿Te ha pasado?